19 ene. 2014

Corvidae

Yo que sé, éramos cuervos en la noche. Con esa extraña elegancia de la que uno nunca debería fiarse. Ya lo sabía Edgar Allan Poe. Entonces dime, ¿cómo iba yo a explicarte que estábamos hechas de sangre y no de viento? 

A la felicidad no se le escribe, se la disfruta.

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