Durham

26 dic. 2013

La misma poesía que se le escapaba a Billy Elliot cuando bailaba por las calles de Durham, se nos escurría a nosotras por Pau Claris, - besándonos en todas esquinas -. Sin miedo a que la boca se nos quedara en carne viva. 

Conscientes de que, si algún día llegaba el fin, lo habríamos disfrutado.